Donde las cosas funcionan. 01.

Bandera americana

Este año he vuelto a viajar a los Estados Unidos de América (U.S.A).

Y el país, como era de esperar, no nos ha defraudado; sino todo lo contrario, nos ha vuelto a conquistar.

Hemos vuelto a ver asombrados como es un país donde las cosas funcionan.
No importa si llueve o nieva, uno puede confiar en que las cosas van a funcionar y que la gente va a hacer su trabajo.

Y es que, si hay algo que enamora sin remedio de ese país es el sentido de responsabilidad de la gente por hacer bien su trabajo.
Cómo las construcciones, públicas o privadas, no están hechas para salir del paso, sino hechas para durar.
Cómo la gente cuida las cosas y las ciudades están limpias.
Cómo cuando un político no está a la altura da la cara, lo reconoce y dice que va a hacerlo mejor.
– “We didn’t do the job you expected,”
– “I’d like the city to come out and do what they’re supposed to do, stop putting the blame on other people and just get out here and do it,”

No recuerdo nunca a ningún político español reconociendo haber hecho algo algo mal. Aquí siempre lo han hecho lo mejor y lo habitual es que además busquen siempre un ejemplo de alguien que lo ha hecho todavía peor para quedar ellos bien.

Y detrás de que las cosas funcionen, lo siguiente que uno le cautiva es el saber vivir bien.
Cómo la vida allí se plantea para que sea cómoda y agradable.

Pequeños detalles que uno no entiende porqué no están extendidos aquí.
¿Por qué allí los coches son automáticos desde hace años y aquí todavía es algo de clase alta?
¿Por qué allí las casas se hacen en medio de los bosques y no talan el bosque para hacer las casas?
¿Por qué tienen tanta comida semipreparada de una calidad y con control mayores que los nuestros?

En muchos casos la respuesta está asociada a que la densidad de población es mucho menor que la de otros países europeos pero, en muchos otros casos, la respuesta no se debe ni más ni menos a que la gente tiene un sentido práctico de la vida y a que exige que las cosas se hagan bien.

El país no es perfecto, ninguno lo es. Tiene defectos por todos conocidos (y normalmente exagerados) pero, en los United States of America, detrás de los tópicos y del simple turismo, existe mucho más por descubrir.

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Una vida en 200 Teras…

El otro día estaba comentando con los compañeros de trabajo como han pasado los años…

Como entre dos archivos con dos frases diferentes “sólo” había un diferencia de 25K (Kilobytes) ahora despreciables, y como sin embargo, hace pocos años, había un ordenador que se jactaba de tener 48k de memoria…

A partir de ahí comenté que, hacía poco, había escuchado a alguien decir que en un futuro cercano se podría grabar la vida completa de una persona en formato digital.

No sé como, pero en menos de cinco minutos hicimos una cuenta aproximada.

Un capítulo de una serie de televisión de 50 minutos, en una calidad aceptable aunque lejos del HD, ocupa unos 350 megas. (Calidad de 620×350 px.)

Redondeando un poco podemos dejarlo en 400 megas la hora.

1 día son 24 horas.
1 año son 365 días-> 365×24=8.760 horas (en un año).
85 años son -> 85×8.760=744.600 horas (en 85 años).
744.600×400=297.840.000 Megabytes (en 85 años).

Esta cantidad, 297 millones, parece grande; pero si empezamos a hacer conversiones, no lo es tanto.

297.840.000 MB (Megabytes) no son más que 284 Teras (Terabytes).

Es decir, a día de hoy, ¡YA! se podría grabar la vida completa de una persona en algo más de 100 discos duros (de 2 Teras cada uno).

Eso significa que, con una calidad digital aceptable, todo lo que vea esa persona, incluso contando las horas de sueño, todo, posiblemente más de lo esa persona pueda nunca recordar, sólo llenaría un disco duro cada 6 meses.

Hacer ese pequeño cálculo nos hizo darnos cuenta de la absurda carrera que hay hoy día con las cámaras de fotos. Nuestros hijos no sacarán fotos, sacarán extractos puntuales de una vida que van grabado entera… por menos de 200 euros año.

Eso me hace sentirme insignificante, ¡en qué poco sitio cabe lo que veo!

Y lo que es más, ni en una vida muy larga, nos acercamos al millón de horas de vida.

Cada minuto cuenta amigo, aprovéchalo.

Dedicación especial a arapajoe y a Juan.

Un saludo.

PD: sé que 284 está más cerca de 300 que de 200 pero tengamos en cuenta que las tecnologías de comprensión también avanzan y que 85 años no es una esperanza de vida común. Eso, al final nos deja más cerca de 200.

PD: el cálculo de Megabytes a Terabytes varía algo dependiendo de que se divida por 1.024 y por 1024 (1.048.576) o directamente por 1.000.000. (http://es.wikipedia.org/wiki/Megabyte)

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Repugnante incoherencia política.

Imagen del dictador Castro.

No puedo entender como tenemos en este país multitud de voces afines al gobierno clamando por desenterrar fosas, quitar estatuas y cambiar el nombre de las calles en nombre de una (limpieza) de la memoria histórica y luego me encuentro que el canal público de noticias “24 Horas” dedica más de 20 minutos a retransmitir en directo un acto público de un dictador cubano al que los periodistas y reporteros de esta cadena pública se refieren como “Líder de la revolución”.

Será líder de la dictadura, no líder de la revolución ¿no? o acaso la revolución todavía sigue.

Porque creo que allí, la única revolución que todavía hay, es la de los que piden democracia. Revolución que este señor (calificativo que dudo que se merezca) se encarga de aplacar impunemente mientras los cargos del partido en el gobierno van a allí a expresar su apoyo al régimen dictatorial con la excusa de mejorar las relaciones.

Se ve que este país de imbéciles no está tan mal visto matar y encarcelar a opositores de Castro como a opositores de Franco porque claro, Franco era malo muy malo (que lo era) y Castro no.

Castro es un dictador comprensivo al que tienen que estarle agradecidos los cubanos por haberles conseguido un nivel de vida tan bueno. No puedes opinar de ciertas cosas, no puedes salir del país sin permiso, no hay libertad de prensa ni elecciones pero… se vive muy bien.

Y así lo ven nuestros políticos y así parece que quieren que se muestre en la televisión pública que yo también pago.

Incoherencia política se llama a eso de forma objetiva y, como poco, de forma subjetiva, se llama poca vergüenza y basura demagógica.

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47, 41, 34, 29…

Imagen gris

47 al sol, 41 a la sombra, 34 de noche y 29 de madrugada.

Esas son las temperaturas que hemos tenido estos días. Realmente no creo que algunas sean muy elevadas para esta época del año, pero otras sí.

En los mismos termómetros he visto otros años 49 al sol o 42 a la sombra, pero raras veces recuerdo haber tenido 29 grados de madrugada y ¡27 al amanecer!.

La diferencia de estos días ha sido el cielo cubierto.

El lunes 9 de agosto, cuando iba por la mañana al trabajo, se podía mirar perfectamente al sol blanco que se levantaba. La capa de nubes dejaba mirarlo unos segundos sin molestar, como una pelota blanca. Parecía una inmensa Luna, pero era el Sol.

A esa hora de la mañana, pese a que no hacía nada de frío (27 grados) no llegué a pensar en como iba a evolucionar el día.

Salí del trabajo a las cinco de la tarde. A esa hora hacía calor, lo normal en la moto, rayos de sol y aire caliente.

Por circunstancias (y por rebajas) estuve de compras en un centro comercial hasta las ocho y media de la tarde y entonces, a la salida, es cuando me di cuenta de lo diferente que era ese día.

Esa tarde, a esa hora ya era casi de noche. Cuando a esa hora, en esta época del año, suele haber claridad y luz amarilla de sobra. El ambiente se veía como gris, no sólo por la falta de luz sino por lo denso y espeso que parecía el aire.

No había excesiva humedad, pero desde luego no era el típico día de calor seco donde los rayos del Sol llegan limpiamente al suelo. Esa tarde los rayos de sol no se veían. Estaban ahí, calentando la Tierra, pero desde fuera, como si la Tierra estuviera metida en un horno de paredes grises donde sólo llegase el calor puro.

En la moto uno se sentía atípico. Como si fueran las nueve de la noche de un otoño en el que uno va sudando por exceso de abrigo. Pero aquí no había exceso de abrigo, simplemente es que el aire, la atmósfera, estaba caliente y densa, como si pudiera agarrarse un puñado y meterlo en un bote.

Medité bastante sobre ello durante la vuelta la casa y la verdad es que, pese a lo incómodo, era un sensación extraña.

Nos varían unos pocos grados la temperatura o la densidad del ambiente y uno ya se siente como en otro planeta.

Si entonces no fuera por el propio placer que me generaba esa sensación de extrañamiento, supongo que hubiera podido vernos como creo ahora que eso muestra que somos: unos ingenuos, frágiles y minúsculos humanos metidos en nuestra calentita e insignificante burbuja azul (a veces gris) flotando en el universo.

Al menos, ya que uno pasa calor, que sea de forma diferente.

PD: para la próxima vez contaré como es el calor húmedo de las mañanas. El que me recuerda a mis veranos de pequeño y el que (sin conocerlo) se me hace parecido al calor húmedo de las tardes en Misisipi.

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Botas Chirucas – El buen hacer de una marca.

Hace más de 15 años, cuando tenía 16 ó 17 años compré mis primeras botas Chirucas para hacer el Camino de Santiago.

Eran unas botas sencillas, con parte de cuero y parte de nylon. Hoy en día todavía las uso a veces en el campo, donde las tengo como calzado de reserva. Me quedan estrechas porque mi pie ha crecido y los tacos de la suela están gastados. Pero las botas están ahí, perfectas.

Durante esos años tuve algún calzado más de esa marca y, a finales de 2005, compré mis segundas botas Chirucas para un viaje a Argentina en el que iba a pasar por Ushuaia.

Estas segundas, por su destino, me las recomendaron en una tienda de montaña: buen precio, suela termosellada (impermeable) y muy cómodas. Tan cómodas que luego han estado en Inglatera, en Francia, en Portugal, otra vez en Argentina (en Patagonia y en Iguazú) y en todos los veranos o salidas a campo por España.

Han aguantado tierra, lluvia, hielo, hierba, barro y arena de playa.

Curiosamente, hace un par de meses, descansando de una excursión por el Guadiamar, por lo nuevas que parecían, pensaba en cuando tendría que cambiarlas por otras. Todo el exterior estaba perfecto, ni un raspado y ni un roto; el interior parecía nuevo y sólo la suela tenía los tacos algo gastados, pero vamos, lo normal.

A la vuelta de esa misma excursión, noté que algo se me había enganchado en la suela y cuando miré descubrí que no era así, que era la propia bota. Por alguna razón, una parte de la suela se había despegado y colgaba del pie.

El trayecto de vuelta de la excursión estuvo marcado por mi sorpresa ante la casualidad de los pensamientos previos y por la tristeza de que estando “nuevas” les hubiera pasado eso a las botas y que ahora tuviera que buscar otras similares.

Además, debido a la cercanía del verano y de las posibles actividades vacacionales, era un poco fastidioso.

Dediqué unos días a buscar unas sustitutas. Mi idea, desde luego, era que también fueran Chirucas y ya estaba casi decidido a comprar el mismo modelo o uno que había visto un poco más técnico y que me había gustado, pero la duda de si con el tiempo podría sucederles algo similar me frenaba.

Las primeras duraron más de 10 años; las segundas, estando nuevas, sólo 5 ¿estará afectándoles la sociedad de consumo? ¿podría dentro unos años, estando la bota aparentemente bien, despegarse la suela de repente en un momento inapropiado?

Y esto es lo sorprendente del asunto, para quedarme tranquilo, antes de comprarme otras de la misma marca, trasladé mis dudas a calzados FAL (Chiruca). Les comenté mis impresiones y mis dudas.

Hola,

Quería comentarles que he tenido varias botas suyas, algunas las he dejado en herencia y con más de 10 años de antigüedad todavía hacen el avío de mis sobrinos.
Siempre he estado muy contento con ellas y siempre me han dejado pasar buenos momentos con el pie cómodo y bien protegido.

Sin embargo, les adjunto las fotos de unas Chiruca Hunter que compré a finales de 2005. Sólo las he usado para caminatas por monte no escarpado y en algún caso con algo de nieve.
Están perfectas en todos los sentidos, las suelas no están gastadas y el interior está impecable. Pero, en una paseo de hace un mes por un arroyo, a una de ellas se le despegó, sin más, una parte de la suela del talón.

Entiendo que las botas no están en garantía ni yo estoy buscando una compensación. Lo que me gustaría es que me comentarán porqué ha podido pasar eso cuando las suelas ni siquiera están gastadas y en otros modelos eso no ha pasado.

Quiero comprarme otras similares pero no me gustaría que me pasara lo mismo.

Es una pena que unas botas que están aparentemente nuevas tengan que dejar de usarse por algo así, además me preocupa que, sin ningún signo externo que lo indique, uno no sepa cuando puede pasarle algo así (y quedarse tirado en medio de un viaje).

Quedo a la espera de su respuesta.

Ante mi sorpresa, directamente me respondieron que las botas tenían arreglo, que se las enviara explicando el problema y que ellos las reparaban (sin coste) y me las devolvían (a portes pagados).

Hace unos días, dos semanas después del envío, he recibido de vuelta en mi casa las mismas botas con la suela completamente nueva en ambos casos (aunque sólo una de ellas estaba despegada).

Así da gusto comprar productos de una marca que, encima, con muy buena calidad, suele tener un precio menor que la media.

No puedo dejar de compartir desde aquí mi buena experiencia y alabar el buen servicio de esta marca.

Yo sí sé de qué marca voy a seguir comprando el calzado que necesite.

Un saludo.

http://www.chiruca.com/

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