Terremoto en Japón: informaciones que merece la pena ojear.

Ejemplo de lo que se puede ver en el New York Times

Dos sitios Web que merece la pena visitar:

– Uno, un montaje de fotos de gran calidad donde pueden apreciarse los destrozos hechos por el agua. Nadie se lo debería perder.

Es del New York Times. Moviendo las barras de en medio de las fotos se muestra la nueva o la antigua.
http://www.nytimes.com/interactive/2011/03/13/world/asia/satellite-photos-japan-before-and-after-tsunami.html?hp

– Dos, un artículo claro y objetivo explicando los riegos y problemas de la Centrales Nucleares. Es un poco técnico pero a los detractores de esta energía les va a encantar (en serio).

Este es de la web: http://noticiasdelaciencia.com y su autor es Jorge Munnshe.
http://noticiasdelaciencia.com/not/636/como_es_un_accidente_nuclear_grave/

Saludos.

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Barbaridades como otras

Antena 3, telediario del medio día del sábado 26 de febrero de 2011.

En menos de 10 minutos cuentan tres barbaridades.

– Un chino consigue un nuevo Récord Guinness al pasar 45 minutos enterrado en hielo ¡a -36 grados bajo cero!.

– (Hablando del carnaval de Tenerife) “las Reinas del Carnaval consiguen mover con elegancia y ligereza sus trajes de cientos de kilos

– (Hablando de una feria de salud o cosmética muestran un nuevo tratamiento para la piel en la que por un pequeño tubo cercano a la piel se le da oxígeno a la cara.) “Con eso se abren los poros, se mejora la oxigenación y las células reciben más vitamina C“.

Ahí lo llevas.

Al hombre del hielo, si realmente consiguió estar desnudo 45 minutos a -36 grados, habría que darle bastante más que un Récord Guinness. Y al que redactó la noticia y a los que la dieron sin cuestionarla, también habría que darles algo más… de otro tipo.

Son muchos los errores posibles que explican la noticia real. Yo me inclino a pensar que los 36 grados bajo cero eran más bien 36 grados Fahrenheit, que corresponden a unos 2,2 grados centígrados (sobre cero).

O incluso podría ser que -36 grados centígrados fuera la temperatura real que hacía en el exterior en el lugar de la prueba (que ya me parece una barbaridad) pero desde luego no es la que tendría que soportar un hombre al enterrarse en hielo. Ya que el hielo es aislante y el cuerpo produce calor.

Y las chicas del carnaval de Tenerife, no las veo con pinta de culturistas y músculos a tutiplén. No sé, desde luego los trajes son pesados y por esos llevan soportes. Digamos 80, 90, 100 kilos. 150 kilos. Pero ¡más de 200 kg! dudo mucho que pesen.
¿Pensará el redactor que está contando un cuento o una novela en vez de redactar una noticia veraz para un noticiario?

Y el último… pase que el oxígeno soplado a dos milímetros de la piel sea bueno para oxigenar y pase que abra más los poros pero ¿que llegue más vitamina C a las células?. Es que no se me ocurre ni cual puede ser la auténtica explicación.

Y lo peor de todo no es que esto sea algo raro. Lo peor es que las barbaridades que se dicen en los telediarios por no usar un poco la cabeza son de lo más habituales.

Y eso que los redactores y presentadores actuales todavía no han estudiado con la LOGSE.

¿Llegaremos algún día a ver en las noticias cómo las vacas vuelan, o cómo un hombre consigue estar dos horas sin respirar o cómo existe una nueva pastilla que te deja al momento los abdominales como una tableta de chocolate?

No encontré el vídeo original de Antena 3, pero en este del propio canal de Antena 3 hablan de trajes de sólo unos 50 Kg de peso.

Vídeo de Antena 3 (http://www.antena3.com/videos-online/noticias/cultura/carnaval-palmas-tiene-reina_2011022600020.html)

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Donde las cosas funcionan. 04. New Year’s Eve en NY.


(Imagen del momento de Fin de Año, todas las lucecitas que se ven son pantallas de cámaras de foto y vídeo.)

(Al final del texto hay un mapa y un croquis explicativo de los controles de las calles.)

Nueva York en Fin de Año, en Times Square: una y no más.

Hasta poco antes de este viaje a los Estados Unidos, yo no sabía que pasar el Fin de Año en Times Square congregaba a un millón de personas y que salía en los telediarios.

Ajustamos mucho el día de salida de nuestro viaje para pode aprovechar esta ocasión y vivir allí esa experiencia. Por eso, nada más llegar al hotel y cambiarnos de ropa, sin ni siquiera deshacer las maletas, volvimos a bajar a la calle dispuestos a buscar un sitio en Times Square para ver caer la bola de Fin de Año.

La cuestión es que, cuando nosotros bajamos a la calle, no eran más de las seis de la tarde y, aunque nuestro hotel estaba en la calle 44, en el mismo Times Square, tuvimos que salir a la 6ª y recorrer andando todas las calles hasta la 59.

Es decir, que, seis horas antes del Fin de Año, tuvimos que alejarnos andando 0´6 millas (un kilómetro), porque la policía ya no permitía el paso a la 7ª desde ninguna bocacalle. Sólo permitían el acceso a aquellas personas que eran residentes o que iban a un local concreto dentro de esa manzana (como habían hecho con nosotros para dejarnos llegar al hotel).

Estamos hablando de más de 14 calles (de la 44 a la 59), con dos ó tres cruces en cada calle (los de cada calle con las avenidas 6ª, 7ª y Broadway). Un total de al menos 36 cruces, con 4 controles en cada cruce (uno por calle del cruce). (Total, más de 150 controles de policía.)

Andando por la 6ª, preguntamos en muchos de esos controles y en todos nos dijeron lo mismo, que el acceso libre ya estaba cortado, que teníamos que ir más atrás. Y así fuimos, hasta llegar, como digo, a la 59, a Central Park.

Allí, por fin, a un kilómetro de distancia de Times Square, avanzamos por la 59 y nos dejaron pasar el control que daba acceso a la 7ª y ver a lo lejos, muy a lo lejos, la plaza.

Me resulta muy difícil explicar lo que sentía en aquel momento. No entendía que hacía esa gente allí.

Cuando le preguntamos al policía de la barrera si podríamos avanzar algo más, nos dijo que no. Cuando le preguntamos si desde ahí se vería caer la bola, nos dijo que lo dudaba. Cuando le preguntamos que qué hacía entonces la gente allí, nos dijo que disfrutar del ambiente, de la fiesta.

No podía entenderlo. Vamos a ver señor mío estamos a más de un kilómetro del sitio, seis horas antes de que empiece, a una temperatura de 5 grados y bajando ¿y la gente va a esperar aquí, de pie, las seis horas sólo para disfrutar del ambiente?

Si hubiera sido la fiesta de mi vida, si hubiera gente disfrazada, si hubiera música, no sé, si hubiera… simplemente algo más. Lo hubiera podido entender pero, así, no.

Si volvía al hotel, ponía la tele sin sonido y abría la ventana, estaría viviendo más el ambiente que allí. ¿Qué sentido tenía aquello?

Obviamente eso fue lo que nos planteamos. Nos pusimos de puntillas intentando ver algo tras la gente y las vallas y averiguar porqué no nos dejaban avanzar a la siguiente manzana de la 7ª. Recorrimos todo el perímetro de vallas de nuestro recinto para conseguir una vista mejor, pero créanme, a un kilómetro no se puede mejorar mucho.

Al final decidimos esperar unos minutos y luego irnos, y cuando casi nos íbamos para buscar otra alternativa, empezaron a dejar pasar gente hacia la 58. Cada vez entendíamos menos. Si el policía nos acababa de decir que no se podía avanzar más ¿por qué ahora dejaban paso?. Obviamente no nos íbamos a preocupar de eso en ese momento, simplemente nos pusimos a la cola de la masa de gente y empezamos a avanzar hacia la abertura de la valla.

Nunca supimos porqué el policía nos dijo eso. ¿Lo hizo queriendo en un intento de desanimar a la gente? ¿No entendió nuestra pregunta? ¿No entendimos su respuesta? Sólo sé que a partir de ese momento, empezamos a avanzar.

La dinámica siempre era igual. Cuando en el recinto-manzana siguiente ya había poca gente, en el anterior la policía abría un hueco en la valla para una o dos personas y la gente pasaba poco a poco por él. Los recintos nunca estaban repletos y la gente era bastante cuidadosa, pero aún así la policía los mantenía completamente a raya. En el momento en que a alguno se le ocurría correr, cerraban el paso.

“Don´t push. Take it easy.” Era la frase que repetían continuamente. De ese modo, veías a la gente andar rápido y con disimulo para intentar posicionarse bien en la cola de avance, pero nadie corría.

Entiendo a la policía. Si seis horas antes ya se estaban empezando a llenar 40 o 50 recintos como ese por toda la zona, cualquier altercado significaría un caos de miles de personas. De ese modo, pasara lo que pasara, todo estaba muy parcelado.

De manzana en manzana llegamos en menos de una hora a la 52. Es decir, avanzamos 7 manzanas y allí nos quedamos. Con el café Rosie O’Grady’s a la derecha y el Hotel Sheraton a la izquierda. Sólo nos quedaban 5 horas de espera, de frío y de cansancio de pie, a más de medio kilómetro de la bola de Times Square.

En ese momento yo ya dejé clara mi postura: ya lo hemos visto, ya sabemos lo que hay. Yo por mi me voy a pasar el Fin de Año a otro sitio. Ya sea el Central Park, con sus fuegos, ya sea el hotel escuchando la fiesta por la ventana, ya sea donde sea. Pero cinco horas de espera de pie, sin poder comer, ni beber, ni ir al baño, sólo por si a lo mejor veíamos de lejos caer una bola que no sabíamos ni donde estaba exactamente… si te hace ilusión, y quieres, nos quedamos. Y nos quedamos, claro, ¡es una vez en la vida!. (Lo que hace el cariño.)

Y así pasaron los interminables minutos de las cinco horas. Cada vez con más frío, cada vez con más dolor de pies. Cada vez más hartos de algún grupo de pesados que no dejaba de chillar (que no de animar) y, al final, incluso sentándonos en el suelo helado.

Nosotros éramos turistas, era nuestra primera vez, queríamos saber qué se veía, qué se hacía, pero, esas miles de personas que ya lo conocían ¿qué hacían allí?. Desde luego una de las cosas en las que no puedo decir que United States sea mejor que España es en pasar el Fin de año. Creo que nunca lo llegaré a entender.

Durante todo ese tiempo la poca diversión que hubo fue:

Alguno que se asomó por un balcón y saludo a la gente de la calle (mientras él estaba en una fiesta en un piso calentito).

– Algunos con gorros y pelucas que sí tuvieron gracia gaditana.

Los últimos 60 segundos de cada hora, los luminosos de Time Square mostraban una cuenta atrás y decían “Ya sólo faltan 5 horas”, ” Ya sólo faltan 4 horas” y la gente hacía en alto esa cuenta atrás. (Parecía que disfrutaban regodeándose en su espera.)

– Cinco minutos antes del Fin de Año salió al balcón el cantante de la fiesta del local Rosie O’Grady’s, sacó fuera los altavoces y cantó “New York, New York”. Reconozco que ese momento fue emotivo y que se sintió la unión y el orgullo de la gente por estar allí. (Pero tampoco entenderé nunca porqué ese hombre esperó tanto. Llevábamos allí ¡cinco horas!. ¿No podía haber salido antes?. Puedo asegurar que llegué a pensar que, después todo lo que habíamos esperado, el tipo nos iba a joder el Fin de Año con la canción.)

Y por fin, Fin de Año en Times Square: una bola verde baja de un edificio, la gente hace más fotos y vídeos que mirar la bola. La bola llega abajo. Las parejas se besan, algunos gritan un poco, se abren todas las vallas y la gente se va.

Como lo cuento. En 10 minutos se había dispersado el personal y, con todos los controles que había para entrar, no había ninguno para salir. Es más, la policía nos achuchaba para dispersar a la masa.

Nosotros, como es natural (y porque allí estaba nuestro hotel), aprovechamos el momento y nos acercamos a Time Square. Allí sí que se veía que había habido una fiesta. Habían tirado confetis, había un escenario, a la gente le habían dado gorros de fiesta y una especie de globos brillantes. Y todo sólo por llegar dos horas antes. (Esperar ocho en vez de seis.). No sé si por dos horas más merecerá la pena pero… 8 horas. Creo que ni en la Semana Santa de Sevilla, ni en El Rocío (que ya son fanáticos) esperan tanto.

Así que sí, yo pasé el Fin de Año 2010-2011 en Nueva York. En lo que se puede considerar Time Square.

Yo lo pasé y ustedes no, pero créanme que no pienso volver a repetir.

Les dejo unas fotos ilustrativas. (De izquierda a derecha.)

– La gente que se veía delante nuestra y lo lejos que estaba Times Square. (La bola que luego cae casi no se ve. Es el punto blanco que está un poco por encima de la parte iluminada del edificio del fondo. ¿Muy lejos verdad?)

– La gente que se veía hacia atrás nuestra (es decir más lejos que nosotros de Times Square).

– Como se veía la bola de Time Square en el momento del Fin de Año usando un zoom de 300…

– El primero de los recintos a los que accedimos (el de la calle 59). Casi vacío.

Vista hacia adelante.Vista hacia atrás.

Vista de la bola con zoom.Recinto inicial.

Les dejo una imagen y un croquis para que se hagan una idea mejor de como se organiza el asunto de las calles, los controles y los recintos que se crean.

Mapa de la zona.

Esquema de los controles.

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Donde las cosas funcionan. 03. La llegada.

Cuando llegamos al mostrador de “Ground Transportation” del aeropuerto, ya nos informaron de que la llegada a nuestro hotel estaba bloqueada.

Sin embargo, sin llegar a entender perfectamente lo que el hombre nos explicaba y, considerando que ese transporte estaba pagado desde España, nos dio nuestro “voucher” y nos indicó a donde debíamos dirigirnos para que nos llevaran.

Y aunque, en previsión del caos que habría (y no hubo) en el aeropuerto, habíamos contratado el transporte para dos horas más tarde, no tuvimos ningún problema y apenas tuvimos que esperar.

Llegamos al mostrador y menos de diez minutos estábamos montados en nuestro minibús (shuttle) para llevarnos al hotel.

Nosotros éramos los últimos en montarnos, así que yo pasé delante, al asiento de al lado del conductor. Este hizo un pequeño recuento de los pasajeros y de los destinos, y nos fuimos.

En total, creo que éramos nueve personas en las tres filas traseras y yo delante con el conductor. Y teníamos unas 5 paradas que hacer. No nos enteramos de cual era el orden de las paradas, aunque el conductor comentó de nuevo algo sobre los problemas para llegar a algunos hoteles.

Como recién llegado con bastante poco oído, no quería dar pie a que el conductor se me pusiera de charla. Así que durante ese viaje no hice ninguna foto y estuve calladito disfrutando de la llegada.

Tardamos cerca de una hora en llegar a New York y empezar a soltar gente (lo que nos llevaría otra hora). El conductor no se puede decir que condujese mal ni que fuera muy rápido, pero una vez que llegó a la ciudad sí que estaba un poco impaciente con el resto: algún adelantamiento por el carril con nieve sin limpiar, algún semáforo ajustado, un “¿Vas a irte ya? ¡Esta zona está reservada sólo para el parking del hotel!” y siempre, en cada semáforo, un continuo escribir mensajes en uno de sus dos móviles.

Pero la verdad es que con nosotros era amable y el viaje no se me hizo pesado. Bien es cierto que estuve entretenido fijándome y recordando como son las cosas allí. Viendo New York desde lo lejos y al fin, al llegar a la ciudad, viendo todavía los restos de la famosa nevada de unos días antes: algunas calles completamente cortadas porque todavía no se habían limpiado, casi todas con al menos un carril no disponible, en todas mucha nieve y barro helado de pasar los coches, y muchos coches aparcados enterrados en un montaña blanca.

Creo que en una de las últimas paradas antes de la nuestra, estuvimos por el barrio de Harlem. Allí, en una esquina donde sólo se veía gente de color, se bajo una chica 100% caucásica que no iba a ningún hotel. Me resultó un poco raro, pero me imagino que no sería más que una estudiante que vivía por allí.

Después de eso, cuando sólo quedábamos cuatro o cinco pasajeros, el conductor, antes de arrancar, se volvió a todos y nos dijo algo así como: “Ok, ya sólo quedan los hoteles del centro. Times Square ya está cortado y no creo que pueda llagar hasta allí. ¡Pero vamos a intentarlo!”. Su tono de voz lo dejó claro, aquel joven de color que debía estar deseando acabar el turno e irse a su casa a pasar el fin de año, mostró la buena disposición americana a hacer bien su trabajo. Si no se puede no se puede, pero al menos hay que intentarlo. (Sí, ya sé que era su trabajo y que es lo que habíamos pagado y que es lo que se esperaba pero, seamos sinceros, había muchas formas menos profesionales de enfocar ese problema.)

Minutos después de eso, nos toco bajarnos a nosotros, “mela jotel” (se escuchó). Y ahí ya sí nos explicó más claro: “Esto es Broadway, a partir de aquí está todo cortado. Esto es lo más cerca que puedo dejaros. Vuestro hotel está sólo a dos manzanas cruzando en esa dirección.

Nos bajamos, nos dejó las maletas, le dimos las gracias sin propina (porque nadie más se la había dado) y nos pusimos a andar.

Había gente, todavía no mucha, pero había gente. Y, sobre todo, lo que había era mucho ajetreo y movimiento de gente intentando pasar las barreras de policías. Como es natural, en esos momentos no nos queríamos entretener mucho haciendo turismo, íbamos a lo que íbamos, al hotel. Pero no nos quedó más remedio, en nuestro camino había una de las muchas barreras de policía que se veían por allí, así que nos acercamos a donde estaba el tumulto de gente queriendo pasar y preguntamos cómo llegar al hotel.

Fantástico, tuvimos que enseñar nuestra reserva pero el policía que controlaba la barrera nos explicó que podíamos pasar y nos señaló a otros policías que estaban cacheando gente para indicarnos que, cuando terminaran con ellos, nos tocaba a nosotros. Esperamos un par de minutos mientras el policía seguía atendiendo a otras personas que también querían pasar y que, a diferencia de nosotros, no podrían…

Cuando acabaron los del cacheo, como el policía seguía avasallado por la masa que intentaba pasar, le hice una seña, me miró, miró a sus compañeros, que ya estaban libres y, efectivamente, nos dejó pasar con todos nuestros bártulos por un hueco minúsculo para que el resto de gente no se colara.

Una vez dentro de ese minirecinto de vallas, otro policía, nos preguntó de nuevo adonde íbamos y volvió a mirar la reserva del hotel. Otro se disculpó y nos dijo que teníamos que abrir las maletas. Nada más abrir la maleta allí, en medio de la calle, en el suelo, y ver la de ropa que salía por todas partes, me permitió cerrarla sin mirar nada más; pero cuando me disponía a seguir (pensando que ya habíamos acabado), me paró para decirme que lo sentía pero que también tenía que abrir la mochila.

Todo muy al estilo de allí: si las reglas dicen que hay que revisar todas las bolsas, el policía las revisa todas. Lo hará con más o menos detalle, pero abrirlas las abre todas.

Eso sólo fue el principio, el camino a nuestro hotel consistía en andar dos manzanas y pasar tres cruces de calle y en cada cruce había dos controles de vallas, dejando libre lo que es el cuadrado del cruce. Supongo que eso ya lo sabía el policía que nos atendió en la segunda valla y que por eso, tras mirar de nuevo nuestra reserva, nos dijo: -follow me- y nos llevó hasta casi la puerta del hotel, abriéndonos los controles como si fuéramos VIP que llegan a Time Square. Él, a los policías, les iba diciendo “van al hotel Mela”, pero eso no lo sabían el resto de personas normales que nos miraban desde Times Square, esperando detrás de las vallas.

Por desgracia, cuando nos dejó en el hotel Mela, que realmente está a 30 metros de Times Square, le preguntamos con picaresca española y cara de pena, si luego podíamos volver por ese camino a la plaza (para el fin de año, claro) y nos respondió con una buena sonrisa americana “No, tenéis que ir hasta atrás, hasta la 52 para poder pasar.” (-Como el resto de mortales- le faltó añadir…)

Miramos de nuevo hacia la plaza, vimos de nuevo a todos los policías y a la gente esperando tras las vallas, y se acabaron nuestros 15 minutos de sentirnos famosos. Habíamos llegado al hotel.

PD1: Siento no haber puesto ninguna foto mía pero nuestra cámara chica no funcionaba cuando llegamos y la grande estaba en una de las bolsas. Sólo puedo decir que los controles y la cantidad de policías eran realmente impresionantes.

Dejo algunas fotos ilustrativas de la revista Life. Los pasillos vacíos que se ven entre la gente, es por donde pasamos nosotros.

PD 2: El shuttle que nos llevo al hotel tenía en el salpicadero delantero dos tomas de corriente (de las de encendedor) y una de ellas con interruptor.

Primero pensé que era para poder cargar dos móviles, pero luego vi que la toma con el interruptor tenía un simbolito de una taza. Y es que, en una toma se pone el móvil (o lo que sea) y en la otra se enchufa un vaso de café especial. Ya saben, allí están todo el día con los vasos de café en el coche y aunque sean vasos termo, con lo prácticos que son, alguien ya ha decidido que ¿por qué no tener una toma de corriente para calentarlos?

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Donde las cosas funcionan. 02. La ida.

Este año hemos viajado el mismo día 31 de diciembre y lo hemos hecho vía Lisboa con la compañía TAP (Transportes Aéreos Portugueses), que sería el equivalente a Iberia en España.

Respecto a otros viajes, creo que este ha tenido muchas positivas.

– La conexión Sevilla – Lisboa – Newark me parece mucho mejor que la de Madrid o Málaga.
El aeropuerto de Lisboa está muy bien organizado y las combinaciones, al menos en nuestro caso, hicieron que no tuviéramos que esperar nada entre los dos vuelos. Más bien casi correr para cambiarnos de avión.

Además los dos vuelos eran de TAP, con lo que la facturación del equipaje en destino siempre era algo más fiable.

– La compañía TAP ha resultado ser muy agradable.
Creo que los aviones no están tan nuevos como los de Iberia pero desde luego son mejores que los de AirEuropa y similares.

El trato de la tripulación ha sido muy agradable y la comida sorprendentemente buena. Baste decir que el vuelo Sevilla-Lisboa nos dieron un desayuno y en el de Lisboa-Newark nos dieron una comida y una pequeña merienda. Y, por si fuera poco, en la comida, lo que yo tomé fue un bacalao exquisito acompañado con vino y con agua (las dos cosas). Además, al montarte, te entregan un papelito tipo boda con lo que hay para elegir en el menú.

Otro punto positivo es que el inglés portugués o el propio portugués, se entienden mejor que el inglés puro, algo interesante para los que vamos justitos de idioma.

Y también hay que destacar que, generalmente, los controladores aéreos portugueses no suelen hacer las estupideces que hacen los controladores aéreos españoles.

Pero, en cualquier caso, hacer viaje vía Lisboa me gusta más por la sencilla razón de que me gusta más Lisboa que Madrid (aunque uno no salga del aeropuerto).

– Viajar en día 31 no ha resultado ser un caos como temíamos, sino toda una ventaja.
Tanto el aeropuerto de Lisboa como el de Newark estaban muy vacíos. Especialmente el de Newark que cuando llegamos nosotros a las 15:00 (hora de USA) sólo tenía pasajeros de otro vuelo.

Eso nos permitió no esperar colas de ningún tipo: ni para recoger las maletas, ni para pasar los controles, ni para buscar nuestro transporte al hotel, ni para sacar dinero.

Yo tenía un recuerdo de Newark donde llegar al control policial de entrada era cuestión de horas. Nosotros no tardamos ni 15 minutos. Bajar por las escaleras mecánicas vacías nos provocó un extraño sentimiento de “debemos ser los últimos y todos están ya esperando el año nuevo”.

Cuando fuimos a buscar nuestro transporte al hotel ya nos avisaron que no podrían dejarnos en la puerta, que el acceso a nuestro hotel ya estaba cortado por la celebración de Fin de Año en Times Square. Pero eso, lo dejamos para el siguiente capítulo.

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