BsAs y Ushuaia,… (8 – Un amor a primera vista)

A estas alturas ya me cuesta recordar si era jueves, viernes o sábado, el día que yo llegué. Pero sé que seguimos en el primer día, es decir que yo había llegado por la mañana, después de chuparme casi un día de viaje desde Sevilla, incluyendo la noche de avión. Y ya era otra vez de noche, la primera noche en BsAs.

Acabábamos de llegar (después de la cena de privilegiados) a casa de Carolina y Nacho; no toda la familia, pero sí los que dormían allí: José (su hermano), Margarita (su madre) y yo (que dormía ¿donde?…).
Estábamos cansados, aunque la (todavía) adrenalina de las primeras horas lo disimulaba muy bien, y comenzábamos a pensar en la cena; en vacaciones de este tipo uno hace mucha cosas y una de ellas es comer :-).

Antes de decidirnos, y mientras estábamos en el salón charlando, llegaron Ceci y Pato, o al revés (sé que no llegaron a la vez). Ceci y Pato son los vecinos de enfrente (y los únicos de planta) de Caro y Nacho. No me preguntéis nombres porque ya no lo recuerdo, podría hacer conjeturas, pero mejor no.

Ceci y Pato iban a ser mis caritativos anfitriones por unos días, debido entre otras cosas a mi indecisión y nula preparación en este viaje. No los conocía de nada y, pese a la confianza reinante de la que me hablaba Nacho y mi capacidad de adaptación, mi falta de vocación social me hacía tener ciertas reservas en este asunto…

Reservas infundadas, por supuesto y carentes de sentido, que desaparecieron en cuanto observamos un poco el panorama. Al poco de llegar ellos, o alguno de ellos, a la reunión (después de pasar el día fuera porque era laborable), las puertas de las dos casas quedaron abiertas. Cruzaron de una a otra como si fueran la misma, se gritaron de una a otra como si fueran la misma y, en el fondo, se convirtieron en la misma casa.

En muy poco tiempo vimos que la relación de estos “vecinos” era muy cercana, que el intercambio de objetos como sillas o utensilios (si era necesario) era habitual, que ambos tenían llaves de los otros y, en fin, que más que vecinos, se diría que compartían planta en vez de piso.

Mis cosas seguían en casa de Nacho, por ahora Ceci y Pato solo se incorporaron a la reunión, con la consiguiente parte de conversación repetitiva que se produce cada vez que nos juntábamos gente nueva; algo que, lógicamente, sucedió muchas veces en este viaje y algo que no es en absoluto negativo.

En medio de la charla, alguna cerveza, algún vino y algún agua, se retomó la parte “comida”. Y alguien, no recuerdo quién fue el celestino, sugirió encargar comida a “Solo Empanadas”. Como muchos saben, yo me como, literalmente, casi lo que sea, pero la verdad es que las típicas empanadas españolas, esas de atún o carne, nunca me han convencido mucho. Normal no se puede comparar “eso” con los manjares que iba a probar yo aquella noche: barriobajera comparación sería hacerlo.

¿Qué es Solo Empanadas?
Solo Empanadas es una cadena de comida rápida y para llevar (For o To delivery que dicen allí). Comida rápida a base de empanadas, claro. Pero no son empanadas grandes, son individuales. Yo con seis como de sobra y una persona normal con tres va sobrada. Las hay de: choclo (o algo así se llamaba, que es maiz) con algo, de jamon y queso, de roquefort, de carne, de carne picante, de bacon y cebolla, de…, de…, de… Y las hay de postre!! empanadas de dulce de leche!!.

Ni que decir tiene que está descripción en sí no vaticina nada especial, ni explica el éxito del invento, claro: hay que probarlas joder. Es una comida. Ahí está la gracia, en que no parecen nada del otro mundo, algunos las llamarían comida basura y son exquisitas. ¿Exagerado? Me da igual, mi me gustaron, ya lo avisé, y a mucha honra.

Yo en mi viaje ya me preocupé más tarde de volver a probarlas, localicé donde estaban las distintas sucursales, me las llevé al hotel en, quizá, exageradas cantidades y las use para desayunar, comer y cenar (en distintos días).

Y ¿saben una cosa? valen 1’50 pesos, unos 50 céntimos de euro cada una. Y yo dije seis, o sea que, por tres euros, me pongo tibio de comer algo que me gusta, que no me parece para nada comida basura, que viene cerrado y pringa menos que un sandwich o una hamburguesa y que da igual que esté frío.

Quiero un Solo Empanadas en Sevilla ya!! ¿alguien invierte en franquicias?

Y les cuento más, más adelante tuve tiempo de fijarme bien en el local y todo está super estudiado. Tienen diferentes cajas según el número de empanadas que pidas: cajas de dos, de cuatro, de ocho. Unas palas especiales para sacarlas del horno, unas bandejas especiales para meterlas allí.

Buff, que hambre me está entrando, mañana me pienso quitar le pena con atún encebollao, con tomate y a la plancha de Tarifa.

Por hoy les dejo, aunque sé que seguimos en el primer día y sin saber donde, exáctamente, dormí yo. ¿Será que en este relato no puede pasar el tiempo de este día?

Saludos a todos,

2 Replies to “BsAs y Ushuaia,… (8 – Un amor a primera vista)”

  1. Empanadillas aparte (que por cierto, me tienen que gustar seguro), me da mucha envidia ver relaciones estrechas y tan cariñosas con los vecinos de al lado. Qué difícil es establecer esos vínculos con desconocidos, pero que gratificante resulta dar con personas afines y establecer esa sintonía.

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