Buenos Aires y Ushuaia, un viaje en diferido (4 – Por fin pisé tierra)

Y llegué a Buenos Aires (BsAs)… que ya era hora de seguir con esto 🙂

La verdad es que no recuerdo ya muy bien como fue la entrada al país y el chequeo de pasaportes; pero lo que sí recuerdo perfectamente es mi sentimiento de incertidumbre, ante qué me esperaba allí, por no haber hablado con N en los días previos al viaje.

La verdad es que vaya prenda que estuve hecho. Le escribí un sms antes de embarcar en Madrid para confirmarle que iba para allá, como si fuese su único invitado… claro que él también se lucio cuando me envio un mail “para el camino” cuando yo ya estaba en el avión. Fallo de cálculo, como si este solo tardara dos horitas en cruzar el charco… 😉

El caso es que yo llevaba a mano, en mi mochila, una estupenda guía confecionada por C y N con todos los detalles de seguridad, transportes, etc. sobre BsAs. Y un apartado concreto sobre como ir del aeropuerto a su casa.
Cuando desembarqué yo sabía que existía la posibilidad de que alguien hubiera ido a buscarme, y mi primera sorpresa, mientras observababa el nuevo país, fue ver a más de cincuenta personas con carteles ante la puerta de salida de pasajeros. Joder, lo reconozco, vi tanta gente al principio que pasé tres kilos de pararme, no sé aún por que… Más tarde después de deambular un rato por al aeropuerto (Aeropuerto Internacional de Eziza, por cierto) volví a pasar por allí para cerciorarme de que nadie me esperaba; bueno, para eso y para cotillear un poco que ponía por los carteles 🙂

Reconozco que me tomé las cosas con mucha calma. Mi primer objetivo era cambiar dinero, ya que yo no llevaba absolutamente nada que no fueran euros. Como siempre he hecho, me dirigí a los cajeros con tranquilidad, como el que pasea, aprovechando la poca gente que había a esa hora. Mi segunda sorpresa fue qué, no sé porqué, los cajeros esos no servían con mi Mastercard (mierda de anuncio de la tele), ni con mi VISA.

Resultado, tuve que irme a la caja de cambio, indicada también en mi fantástico manual de N, a cambiar los 20 euros que mi querida madre me dio, contra mi voluntad, justo antes de salir de Sevilla. Porque madre no hay más una, la misma que me hizo los bocadillos 🙂

Después de cambiar, y ya convencido de que nadie me esperaba, me dirigí a las cabinas de teléfono a llamar a un remis (un coche con chófer, parecido a un taxi, pero distinto…). Tal y como predijo la guía de N me pregutaron toda serie de datos acerca de mi identificación. Primer contacto real con la (in)seguridad en BsAs.

En el aeropuerto había muchos policías o agentes de seguridad de distintos tipos y, por teléfono, la empresa de remis, me índico: sitio exacto del aeropuerto donde me recogerían, número de patente, tipo de coche y color. A mi me preguntaron: nombre, DNI, aspecto y vestimenta. Lo cual no dejaba lugar a dudas no solo de que coger (perdón, tomar) un remis era peligroso, sino de que ellos también tenían miedo…

Mientras andaba impactado por la comprobación de esta realidad de la inseguridad avisada, me acerqué a preguntale a uno de los policias dode estaba ese sitio exacto en el que había quedado con el remis. El policía, muy amablemente, no hizo más que reforzar el asunto con un pequeño interrogatorio antes de responderme: ¿pará qué quiere saberlo? ¿de dónde viene? ¿a dónde va?… la leche, iba pensando yo mientras andaba hacía el punto de recogida, vaya dos semanas de veinte ojos que me quedan por aquí…

Eso sí, el tiempo cojunudo y soleado al llegar; y la patente es, según me explicó el operador de los remises como si yo fuera tonto, el número de matrícula…

Después de mi primer impacto con la seguridad del país es evidente que no le quité ojo de encima al chófer que me llevaba. Yo no tenía ni puta idea de a donde iba realmente; solo veían que pasaban peajes y peajes, que el mismo chófer pagaba, y que llegaba a una calle muy larga y “estrecha” que suponía ya estaba en BsAs capital.

La caller era “Estados Unidos”, me gustó por el camino por la gran cantidad de comercios y tiendas pequeñas que vi al pasar, y ya entonces pensé que volvería a visitarla. Luego, por suerte, resultó estar cerca de la casa de C y N. (En la Av. Independencia).

Tengo que decir que el servicio de remis, para una persona humilde como yo, resultó de lo más gratificante. El tipo (que dirían allí), me cobró exactamente lo que me habían dicho por teléfono, iba impecablemente vestido y llevaba el coche perfectamente limpio. Y me dejó en la puerta de la casa y me dio la mano. La empresa se llamaba Le Coq, tomen nota 🙂

Me acababa de bajar en BsAs capital….

3 Replies to “Buenos Aires y Ushuaia, un viaje en diferido (4 – Por fin pisé tierra)”

  1. Lo de mandarte un mail cuando ya llevabas vaaaarias horas en el avión debo reconocer que fue un error bastante importante…

    En mi descarho debo de cir que padezco el “síndrome de la neurona múltiple” y cuando uno está por casarse tiene demasiadas cosas en la cabeza como para considerar que el viaje puede llegar a tomar casi 24 hs. de puerta a puerta.

  2. No, si la verdad es que, a poco que se analice, queda claro que yo tenía menos excusas que tu para lo poco que me curré el viaje, y teniendo en cuenta que tu te casabas!!… 🙂

    Pero en mi pequeña defensa diré que yo también estaba en un momento sentimental muy intenso cuando hice ese viaje 😉

    Y creo que los dos podemos alegrarnos por ello 🙂

  3. Bueno, por fin aterrizó el avión!!! Creí que te habías quedado en “Plan ee vuelo desaparecido” jajaja.

    Lo de identificarse para coger un taxi, me parece alucinante, aunque claro, por seguridad que no quede.

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