Buenas de nuevo, mi agradecimiento a todos por la enorme participación, tan inesperada 🙂
En casi todo lo que habéis comentado estoy de acuerdo, pero creo que la parte fundamental no se ha entendido bien, posiblemente porque yo no la expresé bien (es que esto de los artículos cortos…).
Unificando un poco las ideas de entre todos los comentarios anteriores encuentro que:
– Uno toma ciertas decisiones (elige) en la vida en base a sus deseos personales. Estas decisiones influyen en el destino de cada uno y orientan algo su vida hacía una dirección.
– Los elementos y circunstancias externos a nosotros influyen en el resultado de las decisiones tomadas desviándolas de lo que habíamos planeado o del sentido con el que las habíamos tomado.
– Como resultado de los dos sucesos anteriores nuestra vida se orienta de una forma muy grosera y poco precisa hacia donde nosotros teníamos pensado.
Eso no parece malo y creo que todos estamos de acuerdo en que es así (el que quiera matizarlo puede volver a comentar :-)).
Pero no tengo tan claro porqué la mayoría habéis desestimado la idea de tener un objetivo global sobre el que basar la elección de nuestra decisiones.
Primero sigo insistiendo en que la mayoría (yo el primero) tomamos decisiones cuando casi se nos obliga y que además la elección de esas decisiones no se hace en base a un objetivo global sino circunscrito al pequeño ámbito de lo que se decide.
Está claro que elegimos si queremos estudiar ciencias o letras pero porque llega un momento en el que nos plantean esa cuestión y nos vemos obligados a elegir. (Lo de no estudiar ni siquiera debió ser una opción para muchos.) Y ninguno, creo, se toma en serio esa típica pregunta de qué queremos ser de mayor. Elegimos porque hay que elegir y lo hacemos sin un objetivo global, basándonos solo en qué nos gusta más. Y eso está muy bien… si todavía alguien piensa que se puede ganar la vida haciendo lo que le gusta.
Elegimos (en la medida que nos permite nuestra nota) qué carrera queremos realizar pero nuevamente lo hacemos porque necesitamos elegir, no porque del interior de cada uno haya surgido una necesidad de cambiar algo. Llega el momento y se elige.
Buscamos un trabajo porque es necesario, no porque queramos trabajar, y, de entre los posibles, elegimos lo que podemos (que en realidad es más bien que, de entre los posibles, nos dejamos elegir, lo deseamos). Pero casi ninguno tiene claro que trabajo quiere realizar en un futuro y se marca el objetivo de realizarlo. (Y encima, de los pocos que lo hacen y de los pocos que luego lo consiguen, muchos a veces acaban decepcionados debido a que idea idealista que tenía sobre ese trabajo o empresa era incorrecta.)
Quizá de las pocas cosas actuales que hacemos hoy por nosotros mismos es decidir irnos de casa. Quizá, o casi me atrevería a afirmar, la mayoría de nosotros no somos obligados a tomar esa decisión en un momento dado y sí es un objetivo propio sobre el que actuamos y tomamos decisiones en consecuencia (a veces drásticas: hipotecas, escasos recursos a final de mes, etc.) sin vernos obligados. Por fin Una decisión verdadera, ¡ole por nosotros!, un poco de impulso en este tema.
Pero a esto es a lo que me refería al inicio, a que casi ninguno toma decisiones si no es por necesidad, obligación externa, cultural, o del simple dejarse llevar.
Hacemos un máster ¿porque nos sirve para encontrar un trabajo concreto? ¿o porque creemos que nos a va ayudar a mejorar en general?. ¿Pero a mejorar el salario o el puesto? ¿o a encontrar de veras el trabajo que queremos?. Pero ¿sabemos que trabajo queremos?. Quizá esta decisión si sea algo más meditada por la mayoría pero visto el enviciamiento que tenemos a estas alturas de la vida me temo que también casi lo hacemos sin tener un objetivo claro.
Y dicho todo esto es cuando toca reflexionar de nuevo sobre si esto es correcto, así que, vuelvo a preguntar ¿debemos seguir dejándonos llevar y decidir solamente cuando el río se encuentra una montaña que rodear?.
Creo que merece la pena plantearse si no deberíamos eliminar la pendiente de nuestro río (la comodidad de dejarnos llevar) y procurar caminar hacia un un horizonte definido, caminar hacia el objetivo porque es lo que queremos, no porque sea hacia donde está nuestra pendiente. Y sortear los obstáculos del camino hacia ese objetivo pero porque nosotros estemos andando hacia él, no porque nos estemos dejando caer por la pendiente.
No hay que imaginarse nuestra vida como un río, hay que verla más bien como el caminante que nace encima de un altiplano y, sin apenas perspectiva para ver el horizonte porque todo está a la misma altura, debe seleccionar su rumbo y caminar hacia él tomando las decisiones adecuadas a ese rumbo. Y yo soy el primero, insisto, en que todavía no tiene claro cual es el rumbo, pero tampoco tengo claro si debo o no decidirlo.
¿De verdad todos seguís estando de acuerdo sobre que simplemente hay que dejarse llevar? ¿por qué? ¿porque es más cómodo, porque es lo “normal”, porque ni siquiera alguno se había planteado que podía haber otra forma?.
No hace falta ser drástico e irse a unas islas del Caribe o de Indonesia podemos empezar por preguntarnos ¿vivimos en la ciudad que queremos o a la que nos hemos dejado llevar?.
Seguiremos en ello.
Saludos a todos.
PD: como veis no hace falta disculparse por “comerse el tarro” ni escribir mucho, a la vista está…
PD: es evidente que como no somos ricos el trabajo y este tema están íntimamente relacionados. De ahí además se puede comentar que aquellos que aprendieron o estudiaron algo práctico sí que definieron bastante porque un fontanero no suele acabar de enfermero. Aunque yo conozco algunos casos “parecidos”…
PD: por aquí por Sevilla, España, ya sí ha llegado el verano, calentito.
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