BsAs y Ushuaia,… (12 – Salida gallega por Buenos Aires)

El sábado 8 de octubre, tras la reunificación de amigos y la vuelta turística (de la que espero ampliar alguna parte) salimos por la noche, al fin y al cabo ¡era sábado!.

Mi me memoria va flaqueando, discúlpenme, y ya no recuerdo como organizamos la tarde, no sé donde cenamos pero me inclino a pensar que a la tarde cada uno se fue a su casa u hotel y que yo debí comer algo en casa de Nacho, cosa rara, ya que no suelen tener la nevera precisamente llena, y que no creo yo que sobrara nada de las empanadas del día anterior habiendo estado yo por allí. ¿Llamamos a algún otro servicio de “delibery”? ¿Me pillé algo en la calle en una vuelta solitaria esa tarde? Ciertamente pienso y no recuerdo, pero me cuesta creer que pese a nuestro festín del mediodía (¿recuerdan? el del cacho de carne :-p) saliésemos sin cenar esa noche.

Sea como fuere esa noche de sábado fuimos a un par de sitios en la ciudad. No sé por qué zona caían pero sé que no fue en la tan de moda Palermo. Esa noche Nacho cogió, perdón agarró, el coche (tantos meses sin “pensar” en argentino se notan ;-)). Íbamos solo los chicos: Nacho, José Luis, Juan, Mike y yo. Antonio y Adriana me imagino que estaban cansados y no salieron.

El primer sitio al que fuimos era un lugar extraño, de esos difíciles de describir y de encontrar otros similares en otro sitio: como pasa con la Carbonería de Sevilla o el Pabellón Chinese de Lisboa. Este tenía una entrada que para nada parecía la de un bar. Era como la entrada a un patio de vecinos, a una casa antigua con un amplio portón a pié de calle dando pié a un alto pasillo, como esos de las antiguas casonas o de unas cabellerizas. Fuera solo un cartel abierto en dos en la calle y un cordón rojo a modo de barrera de entrada.

Una vez dentro comienzas a darte cuenta de como va el asunto. El sitio es realmente una casa, una señora casa, completa. No es el simple bar o pub en un bajo que te esperas.

Una vez que entras en ese pasillo-callejón de la planta baja, accedes a la escalera. Una escalera que no es señorial pero tiene clase: barandilla ancha de madera pulida, escalera circular (que no es lo mismo que de caracol) y, en cada planta, bonitas puertas con cristales que dan acceso a los diferentes pisos. Cada piso, como en una casa normal, tiene diferentes habitaciones y salas que se han respetado, algunas con chimeneas (apagadas en esa época lógicamente) y decoración diversa, aunque en general con estilo fino de lámparas, espejos y cuadros. Por mobiliario no hay camas pero según las salas hay diferentes sillas o asientos, y mesas; y un par de barras por planta.

La música, creo recordar, es diferente en cada planta (no en cada habitación) y el estilo de gente o ambiente es variado pero de lo que yo llamaría de nivel alto. No pijo, pero si con un poder adquisitivo decente. Desde grupos de jóvenes que han ocupado una habitación con su “fiesta” particular, hasta parejas tranquilas charlando en mesitas, tipos de los que uno diría que son “raros” o llamativos, intelectuales o que van de ello y algunos extrajeros.

Las zonas de las barras son de gente de pié y más movimiento, y el jardín y la terraza elevada (ya dije que era una señora casa), por lo que yo recuerdo, estaba bonito; con lucecillas por el suelo, pero casi vacío, no recuerdo si por el frío; y algún que otro gato gordo paseando.

Nosotros, después de una vuelta de inspección por diferentes plantas, nos acoplamos de pié cerca de una de las barras. Era la primera copa que nos tomábamos allí y surgieron las primeras dudas ¿qué se puede beber aquí?. Pues, para empezar, ron “Cacique” no, y algo parecido… sí. Lo “típico”, que es lo que yo probé, es un cubata de una cosa que llaman Fernet. Un licor amargo que pese a ser amargo (sabor que me suele gustar) no me convenció en absoluto.

Una vez que terminamos en ese local decidimos ir a la parte de puerto madero, pero no a los locales bajos del puerto sino a un sitio llamado Opera Bay. El Opera Bay es una estructura muy similar al teatro de la opera de Sydney pero en pequeñito. Me imagino que es el típico lugar que se ha empleado en diversas cosas y ha terminado convertido en discoteca. Desde luego el caché del sitio comenzaba a notarse en la enorme cola de la entrada, con portero de chaqueta incluido. Nosotros aparcamos, miramos y valoramos la posibilidad de entrar, y aquí fue cuando Mike, que iba bastante arreglado, hizo gala de parte de su labia comercial para acercarse al gorila de la puerta y comentarle que nosotros éramos “unos gallegos que habíamos venidos aquí porque nos habían dicho que era el mejor lugar de la ciudad…” ante eso el tipo de seguridad nos invitó a pasar amablemente saltándonos la cola de… plebeyos autóctonos (con ironía y sin ánimo de ofender).

Pagamos nuestra entrada con consumición y nos fuimos a dar un garbeo por el local. Este es más fácil de describir que el anterior, aparte de su curiosa forma (fácil de encontrar en fotos de internet: google images, “opera bay buenos aires”) no es más que una típica macro discoteca. Muchas salas exteriores e interiores, gente guapa y pija, zona VIP restringida, música a todo volumen, algún pasao de copas, etc.

No me preguntéis sobre la interesante pregunta de qué tipo de música ponían porque no tengo la más remota idea (o recuerdo), desde luego no era flamenqueo aunque sí que había latino.

Una vez descritos estos dos lugares solo me queda por comentar una cosa que sí es tremendamente diferente de Buenos Aires y el resto de ciudades que conozco, y es la agresividad de los varones en el ligoteo. Cualquier chica o mujer europea volverá de BsAs con su ego bastante más alto gracias a la cantidad de tipos que tendrá que rechazar a lo largo de la noche. Debe ser una mezcla entre la pesadez de los italianos y el arte y labia de los argentinos junto con lo que a mi me parece que es pasarse un poco.

Los argentinos, al menos los porteños de BsAs que van de ligue, le entran a todo aquello que se mueve y no lo hacen precisamente con unas miradas o unas palabras. Paran a las chicas a su paso, las agarran y prácticamente éstas tienen que estar zafándose de ellos; o ir acompañadas para evitar todo esto. Algo que realmente me resultó llamativo y que por supuesto disminuye en muchos aspectos las posibilidades de un gallego que tenga intenciones de ligar, ya que la dureza de las chavalas ante los tímidos intentos españoles es abrumadora. Eso sí, si consigues hablar con ellas unos segundos quedarán sorprendidas ante la “delicadeza” y puede que consigas algo.; además de que el simple hecho de ser “gallego” ya son algunos puntos de más. Pero hay que saber que también está en contra la enorme facilidad de baile y ritmo del argentino frente a la sosería española…

En cualquier caso la noche estuvo curiosa, marcada por los comentarios propios de un grupo de “solo hombres” saliendo por la noche, donde además algunos decían tener firme interés en conseguir algo… aunque no hicieron mucho por conseguirlo. Y no es de despreciar las cosas que siempre se ven en discotecas de este tipo, con mucha gente junta y más de uno y más de una alcoholizados y desfasando.

De todos modos, cuando lleguemos a la siguiente salida nocturna, podré comentar alguna cosa más.

Saludos a todos,

Como ven voy lento, pero sigo, espero que para el viaje del 2007 haya terminado esto, casi lo prometo…

One Reply to “BsAs y Ushuaia,… (12 – Salida gallega por Buenos Aires)”

  1. Tiene buena pinta, seguro que lo pasásteis bien. Respecto al estilo de ligar de los porteños, bueno, tal vez a las tías les aumente un poco el ego y la autoestima pero tiene que ser insufrible, o no…jajaja

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