BsAs y Ushuaia,… (10 – Primera mañana, que no primer día)

La primera mañana que yo amanecí en Argentina fue la mañana de un sábado (8 de octubre de 2005). Mis anfitriones no trabajaban, y para cuando me levanté, a una hora prudencial, vi que tenían preparado una especie de desayuno faraónico para agasajarme.

Toda la mesa llena con zumos, leche, galletas, cereales, no recuerdo si tostadas, etc. Ahí sí tuvimos un ratito de tertulia: de donde soy, de donde eres, qué has visto tu de mi país, qué he visto yo del tuyo, de qué conoces a Nacho y a Carolina, etc.

Me contaron que ellos pasarían el fin de semana fuera visitando la familia, eso la verdad es que me alegró porque me daría un poco más de libertad, intimidad o independencia, no porque no la tuviera, sino por la timidez de apenas conocerlos y estar en su casa.

Ese día de sábado aún sería día de convivencia con la familia Jiménez-Jambrina, sobre todo con Nacho y la facción joven (José Luis) y todo el resto de invitados que íbamos a ir recogiendo de sus diferentes hoteles a lo largo del día.

Así que por la mañana, tras el desayuno, la tertulia, la ducha y el aseo volvía a pasarme al piso de enfrente desde donde emprendimos nuestra expedición a la búsqueda de Juan y Mike y Antonio y Adriana, otros amigos que llegaban ese día. Concretamente, con Antonio y Adriana, yo compartiría después bastantes ratos en BsAs.

Y ¿qué es lo que hicimos ese día?, ese día durante la mañana recogimos a los susodichos de sus hoteles, los amigos conocidos se reencontraron, igual que hice yo con Nacho el día anterior, y los no conocidos o acompañantes fueron presentados. Dimos una vuelta turística por el centro, similar a la mía con Margarita y Jose pero un poco más amplia, y con Nacho como cicerone (Carolina se reservó ese día para preparativos mujeriles típicos del enlace).

Una vez terminada la ruta tocaba la otra cosa típica: comida en puerto madero a base de carne argentina. Esta vez le tocó turno a “La caballeriza”, con el estilo rústico de unas caballerizas reconvertidas en restaurante y un servicio más informal. Mike puso el punto chick al pedirse un salmón, o algo así, a la plancha, en vez del cacho carne que pedimos el resto.

Tras la copiosa comida, vuelta turística por zona diferente: zona de “La recoleta”; cementerio, mimo espontáneo en la esquina de Junin con Pacheco de Melo, mercadillo en el parque y vuelta.

Sería de las últimas veces que Nacho nos haría de guía, habida cuenta de lo pesado que hubiera sido rellenarnos a todos todos nuestros huecos con visitas guiadas.

Ese día estuvo mezclado el turismo con las relaciones sociales de aquellos que íbamos a pasar unos días juntos, y de aquellos que hacía tiempo que no se veían y recordaban buenos tiempos. Por supuesto no faltó un taxi que intentó darnos alguna vuelta turística de más y que fue rápidamente corregido por Nacho.

¿Y a la noche? me imagino que cena y salida, pero tengo que recordar… eso lo dejamos para la siguiente.

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