Serenidad, algo impresionante.

Hace cosa de un mes falleció un buen amigo de la familia. No pude asistir a su entierro pero no quise perderme la misa de la semana siguiente.

Me escapé un poco antes del máster pero aún así llegué tarde. Lo primero que me llamó la atención es la cantidad de gente que había en aquella iglesia tan enorme que yo desconocía. Estaba todo repleto de gente. Me fuí al final, encontré allí un asiento y lo ocupé. Desde esa posición pude observar y reflexionar. Jó, ¿cómo podía haber venido tanta gente? en las misas de difuntos (no de funeral) nunca había visto tanta asistencia. Es verdad que E. era una persona muy querida pero, verdaderamente, me asombré.

Sin embargo lo importante vendría después. Al acabar, cuando el cura dijo eso de “podéis ir en paz” añadió que la hija de E. quería decir unas palabras. Un agradecimiento a la gente por asistir pensé, pero no…

La niña, que no recuerdo su nombre, de unos veintipico años, comenzó a leer unas palabras a su padre. Con voz firme fue citando muchas de esas cosas bonitas que se dicen a los que ya no están. Con voz firme se mantuvo mientras el resto de presentes se iban conmoviendo poco a poco. Y es que las palabras dejaron de ser comunes para ser detalles muy concretos de la vida y la forma de ser de E. Yo no me suelo emocionar y recuerdo que mientras estaba allí escuchando pensaba: “joder, tengo un nudo en el estómago y soy yo ¿cómo debe estar ella?”.

Poco a poco a hubo gente que se fue saliendo emocionada, o que buscaban alguna esquina apartada donde serenarse. Pero no acabó ahí, de repente la niña dijo: “Y ahora papá voy a dedicarte una canción de esas que tu tienes. He estado revisando tus discos y he escogido este bolero* de Pasión Vega que se que te gusta…” Supongo que todos pensamos que leería la letra pero ante mi asombro la niña comenzó a cantar con voz firme desde el atril de las lecturas.

Fue simplemente impresionante. Poca gente podía contenerse y, si bien es cierto que en esos momentos la congoja es contagiosa, no hay que olvidar que ahí estuvo esa niña: hablando y cantándole al padre que hacía una semana acababa de enterrar. Ella lo hizo como su padré le enseñó: pensando con la cabeza y no con el corazón.

A la salida di los pésames oportunos, saludé a los conocidos y me fuí a mi casa sin dejar de recordar por el camino lo que acababa de ver.

Solo me queda opinar que además de lo impresionante y bonito del hecho hay que recordar que todas esas cosas que se le dicen a los difuntos conviene decirlas también en vida. Que no digo que luego no sirvan pero por si acaso.

Saludos.

* no estoy seguro de si era ese estilo de canción ni si era esa cantante, pero no creo que importe.

P.D.: con esto espero haber complacido ya a algunos. 😉

6 Replies to “Serenidad, algo impresionante.”

  1. Que entereza, no me la imagino, no derrumbarse y mantener la cabeza fría.

    Desde luego me quedo con la reflexión final, todo lo que puedas decir a tu gente dilo cuando estas a tiempo, aunque a veces cueste…

  2. ya sé que va a sonar a malvado pero esa entereza, como yo no puedo imaginarla hasta ese punto, me parece cerca de la frialdad.
    Si fuera una peli de misterio ya sabría quién es la asesina que, claro, lo tramó todo pa quedarse con la herencia y en el funeral no se la ve afligida.
    Bueno, perdon Darío por la falta de respeto, seguro que me mueve la envidia.

  3. Me quedo con la reflexiçon del final, y es que las cosas hay que hacerlas en vida y no después de muertos. mucha gente que conozco se dedica a ir todos los dias al cementerio, o simplemente el día de los difuntos a llevar flores a su tumba, a mi particularmente me parece triste, creo que las cosas, los actos y las palabras hay que hacerlas y decirlas cuando la persona pueda verlas y oirlas, no despues para lavar nuestra conciencia. ahi queda eso!!!!!!!!!
    por cierto Dario porque no te dedicas a escribir, seguro que serias buen escritor y tus libros serian leídos. Bueno hermosos que me tengo que ir, volveré a visitar esta bitacora. besos goyi.

  4. Esther, es evidente que te perdono pero también es evidente que debo responderte, no seas que me confundas a los otros. Quitando que sí, que me parece poco delicado el comentario (y no pasa nada por ello). Te hago una sola anotación a ver si te convence:
    No es lo mismo la sangre fría que la frialdad. La sangre fría se tiene cuando se controlan los sentimientos y los nervios. La frialdad se produce cuando no existen esos sentimientos. Yo estuve allí y te puedo asegurar una cosa: esa canción estaba repleta de sentimientos. En una película, si hubiera cantado como lo hizo allí nadie la vería como la asesina que tu dices, para eso tendría que haber sido la típica que canta haciendo el “paripé” con la sonrisa y no fue ese el caso.

    Un abrazo

  5. Muy bueno Darío! Como todos, la reflexión final es la que debemos intentar aplicar a nuestras vidas. La entereza es admirable, pensar con la cabeza y no con el corazón esa es la clave. Pocos lo consiguen. Yo también fuí a una misa de difuntos, la hija de un profesor del departamento murió en un accidente de moto, no llegaba a los veinte años, la cosa era fuerte; al final salió la hermana y leyó unas palabras sobre su hermana. Fue impresionante la verdad, el dolor que se respiraba en la estancia y lo entera que estaba aquella muchacha. Chapó!

  6. Yo pienso que la entereza que tuvo la chica esa fue mejor homenaje que el bolero en si.

    El estar ahi sola ,sin complejo o verguenza ninguna, dirigiendose a toda esa gente, mantenerse en su sitio, no romper a llorar alli mismo…pasandolo mal en definitiva, me demuestra que en esos momentos estaba pensando más en su padre que en ella misma.

    Eso es querer a alguien, pensar más en el que en ti aunque lo estes pasando mal.

    Mu curiosa la historia Dario.

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