47, 41, 34, 29...

Jueves, 12 de agosto del 2010

Imagen gris

47 al sol, 41 a la sombra, 34 de noche y 29 de madrugada.

Esas son las temperaturas que hemos tenido estos días. Realmente no creo que algunas sean muy elevadas para esta época del año, pero otras sí.

En los mismos termómetros he visto otros años 49 al sol o 42 a la sombra, pero raras veces recuerdo haber tenido 29 grados de madrugada y ¡27 al amanecer!.

La diferencia de estos días ha sido el cielo cubierto.

El lunes 9 de agosto, cuando iba por la mañana al trabajo, se podía mirar perfectamente al sol blanco que se levantaba. La capa de nubes dejaba mirarlo unos segundos sin molestar, como una pelota blanca. Parecía una inmensa Luna, pero era el Sol.

A esa hora de la mañana, pese a que no hacía nada de frío (27 grados) no llegué a pensar en como iba a evolucionar el día.

Salí del trabajo a las cinco de la tarde. A esa hora hacía calor, lo normal en la moto, rayos de sol y aire caliente.

Por circunstancias (y por rebajas) estuve de compras en un centro comercial hasta las ocho y media de la tarde y entonces, a la salida, es cuando me di cuenta de lo diferente que era ese día.

Esa tarde, a esa hora ya era casi de noche. Cuando a esa hora, en esta época del año, suele haber claridad y luz amarilla de sobra. El ambiente se veía como gris, no sólo por la falta de luz sino por lo denso y espeso que parecía el aire.

No había excesiva humedad, pero desde luego no era el típico día de calor seco donde los rayos del Sol llegan limpiamente al suelo. Esa tarde los rayos de sol no se veían. Estaban ahí, calentando la Tierra, pero desde fuera, como si la Tierra estuviera metida en un horno de paredes grises donde sólo llegase el calor puro.

En la moto uno se sentía atípico. Como si fueran las nueve de la noche de un otoño en el que uno va sudando por exceso de abrigo. Pero aquí no había exceso de abrigo, simplemente es que el aire, la atmósfera, estaba caliente y densa, como si pudiera agarrarse un puñado y meterlo en un bote.

Medité bastante sobre ello durante la vuelta la casa y la verdad es que, pese a lo incómodo, era un sensación extraña.

Nos varían unos pocos grados la temperatura o la densidad del ambiente y uno ya se siente como en otro planeta.

Si entonces no fuera por el propio placer que me generaba esa sensación de extrañamiento, supongo que hubiera podido vernos como creo ahora que eso muestra que somos: unos ingenuos, frágiles y minúsculos humanos metidos en nuestra calentita e insignificante burbuja azul (a veces gris) flotando en el universo.

Al menos, ya que uno pasa calor, que sea de forma diferente.

PD: para la próxima vez contaré como es el calor húmedo de las mañanas. El que me recuerda a mis veranos de pequeño y el que (sin conocerlo) se me hace parecido al calor húmedo de las tardes en Misisipi.





Miércoles, 21 de abril del 2010


No lo he comentado a fondo con más gente pero lo tengo harto comprobado cada día y supongo que a todo el mundo le pasará lo mismo: cuando vamos andando a los sitios, avanzamos en pequeños tramos orientados por pequeños objetivos independientes.

¿Y qué quiere decir esto?
Simplemente que cuando vamos y volvemos a un sitio, lo hacemos por caminos diferentes aunque lo lógico, digo yo, sería hacerlo por el mismo.

Para comprobarlo hay que pensar en trayectos de al menos medio recorrido, que impliquen cruzar alguna calle o girar en algún punto, y donde el destino final no se vea desde el de partida.

Para mi los más típicos son los que hago del lugar de trabajo al lugar de desayuno, o de casa a comprar el pan. Pero cada uno puede tener los suyos.

Para ver si tengo razón, debéis fijaros en dos cosas:

1- Que el camino de ida y vuelta al sitio sea sólo para eso, para ir y volver; sin que tengáis que hacer nada en medio.

2- Que el camino que hacéis para la ida y para la vuelta no son iguales.

En mi ejemplo del desayuno, casi todos los días salimos más o menos a la misma hora y vamos al mismo sitio. Somos un grupo de cuatro o cinco personas que vamos juntos y, generalmente, a la ida siempre cruzamos por un sitio y la vuelta por otro y no hay más de diez metros de diferencia entre ambos puntos de cruce.

Mi teoría es que, cuando vamos andando, nos orientamos a través de pequeños objetivos visuales intermedios e inconscientes. Es decir que, nos fijamos en un punto que esté en dirección al destino y que nos permita avanzar en línea recta y vamos modificando este objetivo intermedio a medida que avanzamos. De hecho, el objetivo intermedio lo vamos modificando sin ni siquiera llegar al anterior.

Esto implica que, en dos trayectos (ida y vuelta) que deberían ser idénticos en la mayoría de los casos, siempre hay pequeñas diferencias.

Diferencias que se deben a que los objetivos que nos marcamos al avanzar en un sentido o en otro, son distintos.

Pensadlo, veréis que os pasa lo mismo.

Un saludo.




Caridad y pena.

Lunes, 15 de febrero del 2010

Hace unos días, una de las pocas tardes-noche de fin de semana que no ha llovido y que sí ha hecho buen tiempo, estaba con un amigo tomándome un refresco en una terraza de una cafetería pegada a la puerta de una hotel.

Durante la conversación me fije en un chaval negro, bien vestido pero un poco moderno (con una camisa amarilla y verde de flores) que parecía estar en la entrada del hotel esperando a alguien.

Casi al mismo tiempo, se nos acercó a la mesa un hombre ni mayor ni joven, con pinta de ser de Europa del Este. Iba bastante sucio y no hablaba demasiado bien. Llevaba y vaso y lo que quería era que le echáramos dentro una limosna. Como es habitual, con pena, le dije que no.

Después de pasar por nuestra mesa, el hombre se acercó al joven de la puerta del hotel, este rebuscó en su monedero, sacó una moneda y se la dio.

Curiosamente, al momento, el joven negro entró en la cafetería donde estábamos y sacó unos CDs para vender. Luego también pasó por nuestra mesa...


Soy de los que hace mucho tiempo que dejaron de dar nada a nadie que pida por la calle. He visto ya a muchos pícaros sacando dinero a la gente. Según he ido creciendo las historias han ido cambiando, pero a muchos aprendías a reconocerlos día tras día por el barrio, aprovechándose de la pena de la gente y haciéndote desconfiar del resto.

Entre otras muchas, recuerdo como te contaban estas historias, aderezadas eso sí, con mucha imaginación y detalles convincentes:
- Para llamar desde la cabina. (Cuando estas todavía se usaban.)
- Para el autobús del pueblo. (Cuando todavía había mucha menos gente con coche.)
- Para ir a la farmacia a comprar las medicinas de su madre porque acababa de salir del médico. (Cuando ya te había contado la misma historia tres veces en tres días.)
- Para un bocadillo. (Pero si alguien le ofrecía comprarle el bocadillo él ponía una excusa y sólo quería el dinero.)


De todas estas historias y con esta actitud que he llegado a tener, siempre me ha dado pena pensar en que pasaría con aquellas personas que estuvieran contando la verdad.

Y a día de hoy, muchas mañanas me vuelvo a plantear, si me hiciera falta, con que cara le pediría yo un día ayuda al chico que vende pañuelos en el semáforo si todos los días le digo que no, que no puedo darle nada, cuando él ya está ahí, sonriendo, llueva o haga frío, cuando yo paso por la mañana temprano.


Un día de la semana pasada, después del suceso del vendedor de CD, le di una moneda al chico del semáforo y ahora además de todo lo anterior me planteo ¿reconocerán aquellos que han pasado verdadera penuria cuando uno miente al pedir? ¿o será simplemente que el hecho de haberla pasado no les permite dejar que paguen algunos sinceros la culpa de los timadores y por eso dan algo a sabiendas de que pueden estar engañándolos?

Yo me inclino por lo primero.

Para otra vez quedará comentar porqué se puede confundir a un vendedor de CDs con un turista niño de papá.

Un saludo.

Equipos de hombres

Miércoles, 15 de abril del 2009


Esta Semana Santa no he visto muchas cofradías, sólo un par de ellas. Sin embargo me ha vuelto a la mente un pensamiento sobre el que ya había meditado varias veces: la fuerza del grupo de costaleros.

No me refiero al esfuerzo que hace cada uno para llevar el paso, me refiero a la fuerza total que tiene el grupo.

Cuando veo menearse en volandas esas imágenes con su armazón de madera, guiados por la fe ciega en el capataz, me asombro por la potencia de sus andares. Especialmente, en los pasos lagos y decididos que suelen dar tras una chicotá. Me pregunto ¿qué pasaría si chocaran con algo?. No que pasaría si roza una tulipa con un balcón o si dan levemente con una rama de un árbol, no. Lo que me pregunto es ¿qué pasaría si el capataz da la orden de avanzar y arramplan con lo que haya por delante, coches, personas, o lo que sea? ¿qué capacidad de choque tiene eso?.

Me asombra la fuerza que puede conseguir un grupo de hombres bien coordinados y no encuentro muchos ejemplos similares, ni actuales ni pasados.

No son un equipo de fútbol donde de forma coordinada el trabajo es individual; ni un grupo de pescadores de 5 ó 10 personas tirando de una red. No, me refiero a 30 ó 40 personas haciendo fuerza de forma conjunta.

Así, de primeras, sólo un ejemplo me parece realmente similar y es el de un grupo de soldados antiguos o medievales empujando un ariete, todos a una, contra una puerta o un muro.

Antes cuando lo veía en las películas de vikingos pensaba -esa puerta del puente levadizo no se rompe tan fácil-, ahora, después de observar un poco a los costaleros, me imagino con que facilidad dejarían un coche chato tras darle dos o tres empellones usando el paso como plataforma.

No sé ¿qué opinan ustedes? ¿se les ocurren más ejemplos actuales o pasados donde un grupo de hombres utilice su fuerza al mismo tiempo y de forma coordinada?

A mí, además de los soldados, sólo se me vienen a la mente los antiguos esclavos acarreando piedras, ya sea en las pirámides, en la muralla china o en el imperio azteca. Y, de forma más reducida, los bomberos en algunas ocasiones.

Anímense y comenten un poco.

Un saludo.


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Añado aquí una respuesta al comentario de Jesús. (Ver comentarios.)
Creo que merece la pena ponerlo debajo del artículo para que no hay malentendidos.
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La verdad, Jesús, es que ni por asomo he escrito el artículo como algo despectivo.

Es más, a mi sí que me gusta bastante la Semana Santa, aunque para nada sea por una creencia cristiana o religiosa. Y, ciertamente, me llena de sentimiento ver las imágenes moverse de forma tan coordinada.

Y por eso mismo me llama más la atención que hoy día haya tan pocas actividades humanas donde tantos hombres empleen su fuerza de forma coordinada para hacer algo que, además, es por voluntad propia.

Quizá debí dejar más claro en el artículo que los comentarios sobre la fuerza de los costaleros eran algo independiente del resto de sentimientos.

Un abrazo.


Cata de cerveza

Domingo, 30 de noviembre del 2008


Hace ya tiempo que, en diferentes encuentros, bares, barbacoas, fiestas y eventos con distintos amigos, habíamos escuchado diversas opiniones y afirmaciones de algunos de ellos sobre la cerveza.

Afirmaciones y comentarios del tipo: "la Mahou está asquerosa", "yo distingo la Cruzcampo, la Heineken y la fulanita sin dudas", "la del Lidl no está mal", "la San Miguel es muy mala"...

En esas ocasiones ya habíamos acabado varias veces planteando la posibilidad de realizar una cata de cervezas para salir de dudas y poner a cada uno es su sitio: loado catador o simple fantasmón.

Hace tres semanas, aprovechando un cumpleaños donde íbamos a estar casi todos, organizamos esa cata y, finalmente, se llevo a cabo.

Expongo aquí cómo se realizó y los resultados que se obtuvieron.

- La cata se realizó con 8 cervezas diferentes: Estrella Damm, Cruzcampo, San Miguel, Sagres, Alhambra, Mahou, Heineken y Día Lager Premium.

- A cada concursante se le dio un vaso con dos-tres dedos de cada cerveza (una lata para cada 3).

- Los concursantes no sabían la marca de la cerveza que había en cada vaso, ni sabían las marcas que entraban en la cata. (Era totalmente a ciegas).

- Las cervezas de cada concursante estaban en diferente orden. Es decir la cerveza del vaso del primero no era la misma que la del vaso del segundo (ni que la del tercero). De ese modo no podían realizar comparaciones entre ellos.

- A cada uno de los concursantes se le pidió que apuntara la marca de la cerveza que creía que tenía en cada vaso y, sobre todo, que valorase el sabor de cada cerveza del 1 al 10. (El resultado de las marcas que propusieron no lo he incluido aquí.)

- El total de concursantes fue 6. (Uno de ellos ha sido excluido de los resultados inferiores por no rellenar bien la hoja de resultados.)

- La cata se realizó al final de la noche, por lo que el estado de algunos concursantes no era el más indicado. Por otro lado se habían pasado todo el día bebiendo Cruzcampo.

Por varias razones, es obvio que los resultados obtenidos no son "estadísticamente" representativos, sin embargo estoy convencido de que sí son "naturalmente" representativos.


Resultados originales:






Resultados tratados:

Para mí, lo realmente interesante de la cata, era averiguar qué cerveza gusta más cuando no se sabe que cerveza es y no hay influencias comerciales. (Por eso se ha excluido a Sergio, sólo ha puntuado una de las cervezas.)

Por otro lado, como lo que me interesaba era averiguar qué cerveza gustaba más a cada concursante respecto de las otras, y no todos han usado el mismo rango de valoración, he "normalizado" los datos de cada concursante haciendo que su cerveza con peor resultado obtenga un 1 y la mejor un 10. De ese modo, todos los resultados están distribuidos en la misma escala y es más fácil compararlos.

No sé si esto es muy correcto estadísticamente pero, después de darle bastantes vueltas creo que es lo que más razonable me parece. Para hacer la normalización se ha utilizado la siguiente fórmula:
Valor normalizado = (9 * (V_real - Mín) / (Máx. -Mín.)) +1. (Se ha hecho tanto con los valores (tabla 2) como con las dos medias.)



En cualquier caso, puede observarse en la gráfica que los resultados no varían mucho normalizados o sin normalizar.


Conclusiones:

- Cruzcampo, gana de calle...

- Mahou es bastante apreciada y no tiene nada que envidiar a la sevillana pese a lo que digan algunos. Todo lo contrario que prestigiosa Heineken, que sale muy mal parada.

- San Miguel siempre contenta a todos... vamos que cumple lo de que "donde va, triunfa".

- Con un poco de detalle sobre los resultados se observa también que los que son poco cerveceros valoran más la Sagres, Alhambra y Día Lager que los que no. Es obvio que estas son las de sabor más suave y, concretamente, en la Día Lager todos coincidieron en su sabor afrutado :-o




Ya sólo comentar, a título técnico, que las cervezas se metieron todas en una caja grande de plástico de esas que venden en los chinos para guardar ropa (40x60x80 cm), se llenó de agua y se le echaron cuatro bolsas de hielo. Al final del día estaban tan frías dejé de sentir los dedos cuando saqué las cervezas para llenar los vasos.

Además, como yo soy de la premisa clara de que mejor que sobre antes que falte... había comprado 12 latas de cada marca. Solo participaron 8. Se gastó una lata por cada tres... repetiremos la cata en la siguiente ocasión.

Saludos,

PD: ni comentar las risas que nos echamos con los comentarios de nuestros "expertos" catadores.


PD-2: os dejo aquí las plantillas de word de nuestra cata ;-p

Hoja del concursante
Hoja de control


Lo que sobró de la cata :-)