Pandemias olvidadas

Martes, 16 de marzo del 2010

¿Qué pasó con la enfermedad de las vacas locas?
¿Qué pasó con la gripe aviar?
¿Qué pasó con la gripe A?

De estas tres crisis infecciosas de los últimos años sólo las dos primeras me parecen realmente dignas.

Con la enfermedad de las vacas locas se sacrificaron montones de reses, se invirtió en investigación y se vio que realmente había un nuevo tipo de enfermedad mortal capaz de contagiarse y multiplicarse a través de las proteinas. Algo bastante atípico en medicina.

Con la gripe aviar murió bastante gente en Asia y hubo que sacrificar muchas aves para eliminarla.

Pero ¿y con la gripe A? ¿qué paso con esos millones de vacunas que compraron los gobiernos a las farmecéuticas?

Al final no conocí a nadie que se pusiera la vacuna. De hecho ¿cuando dejó de hablarse de ellas? ¿y cómo se hizo para que nadie lo notara? ¿murió más gente en España de gripe normal que de gripe A?

¿Este invierno no se ha dicho nada? ¿habrá matado el virus tanta agua?

Demasiadas preguntas sin respuesta para haber estado tanto tiempo en los telediarios.

El Instituto Nacional de Estadística todavía no tiene los datos del año 2009:
http://www.ine.es/jaxi/menu.do?type=pcaxis&path=/t15/p417&file=inebase&L=0

Vida laboral, vida en general.

Martes, 16 de marzo del 2010




Ayer un compañero nos envió este enlace.

Artículo del El País: Explotación remunerada.

Fue muy triste ver como en pocos minutos, las 12 personas del equipo, estaban comentando lo verídico del artículo y lo identificados que se sentían con él.

Y lo realmente triste no es sentirse identificado con lo que se dice en él. Sino ser conscientes de ello y no hacer nada por cambiarlo.

¿Merece la pena no cambiar de vida por unos pocos de miles de euros?
La respuesta no es sencilla. Cada uno tendrá que buscar la suya.

- Enlace para descargar el artículo en pdf.


Caridad y pena.

Lunes, 15 de febrero del 2010

Hace unos días, una de las pocas tardes-noche de fin de semana que no ha llovido y que sí ha hecho buen tiempo, estaba con un amigo tomándome un refresco en una terraza de una cafetería pegada a la puerta de una hotel.

Durante la conversación me fije en un chaval negro, bien vestido pero un poco moderno (con una camisa amarilla y verde de flores) que parecía estar en la entrada del hotel esperando a alguien.

Casi al mismo tiempo, se nos acercó a la mesa un hombre ni mayor ni joven, con pinta de ser de Europa del Este. Iba bastante sucio y no hablaba demasiado bien. Llevaba y vaso y lo que quería era que le echáramos dentro una limosna. Como es habitual, con pena, le dije que no.

Después de pasar por nuestra mesa, el hombre se acercó al joven de la puerta del hotel, este rebuscó en su monedero, sacó una moneda y se la dio.

Curiosamente, al momento, el joven negro entró en la cafetería donde estábamos y sacó unos CDs para vender. Luego también pasó por nuestra mesa...


Soy de los que hace mucho tiempo que dejaron de dar nada a nadie que pida por la calle. He visto ya a muchos pícaros sacando dinero a la gente. Según he ido creciendo las historias han ido cambiando, pero a muchos aprendías a reconocerlos día tras día por el barrio, aprovechándose de la pena de la gente y haciéndote desconfiar del resto.

Entre otras muchas, recuerdo como te contaban estas historias, aderezadas eso sí, con mucha imaginación y detalles convincentes:
- Para llamar desde la cabina. (Cuando estas todavía se usaban.)
- Para el autobús del pueblo. (Cuando todavía había mucha menos gente con coche.)
- Para ir a la farmacia a comprar las medicinas de su madre porque acababa de salir del médico. (Cuando ya te había contado la misma historia tres veces en tres días.)
- Para un bocadillo. (Pero si alguien le ofrecía comprarle el bocadillo él ponía una excusa y sólo quería el dinero.)


De todas estas historias y con esta actitud que he llegado a tener, siempre me ha dado pena pensar en que pasaría con aquellas personas que estuvieran contando la verdad.

Y a día de hoy, muchas mañanas me vuelvo a plantear, si me hiciera falta, con que cara le pediría yo un día ayuda al chico que vende pañuelos en el semáforo si todos los días le digo que no, que no puedo darle nada, cuando él ya está ahí, sonriendo, llueva o haga frío, cuando yo paso por la mañana temprano.


Un día de la semana pasada, después del suceso del vendedor de CD, le di una moneda al chico del semáforo y ahora además de todo lo anterior me planteo ¿reconocerán aquellos que han pasado verdadera penuria cuando uno miente al pedir? ¿o será simplemente que el hecho de haberla pasado no les permite dejar que paguen algunos sinceros la culpa de los timadores y por eso dan algo a sabiendas de que pueden estar engañándolos?

Yo me inclino por lo primero.

Para otra vez quedará comentar porqué se puede confundir a un vendedor de CDs con un turista niño de papá.

Un saludo.

En la crisis, pan y circo.

Martes, 2 de febrero del 2010

Pues eso, que se ve que hay muchos parados en el país y para tener a la gente contenta se optado por la sabiduría romana: pan y circo para la plebe. Que, en este caso, se traduce en prestaciones por desempleo y fútbol para los parados.

Y, ojo, que conste que no tengo nada contra las prestaciones (aunque deberían acompañarse de más medidas de creación de empleo) pero, contra lo del circo... es que, que a partir de ahora tengamos algunos meses sin ni un sólo día sin un partido en la tele... eso es para plantearse algunas cosas ¿no?

Pero esto es lo que hay y, desde luego, en España, teniendo una buena democracia como tenemos, no queda más remedio que aceptar que tenemos lo que nos merecemos.

Un saludo.

http://es.wikipedia.org/wiki/Panem_et_circenses

Lluvia.

Jueves, 31 de diciembre del 2009


Hace ya muchos años, en una visita a Bilbao con mi familia, recuerdo como desde una Wolsvagen Caravelle, parados en un semáforo, dijimos todos "¡Ahí alante está lloviendo!". Y, efectivamente, se veía en la calle llover frente a nosotros, cincuenta metros más adelante.

Hoy me ha sucedido algo similar pero más impactante.

He salido del trabajo a las dos y cuarto. Tras varios días de lluvia continua como si esto fuera Galicia, se veían claros y sol, aunque predominando las nubes. Me he montado en el coche, no llovía nada y se podía predecir una buena tarde.

Un minuto después, al momento de empezar a andar en el coche, al girar todavía despacio en una calle estrecha y corta, sólo he tenido un segundo para preguntarme ¿qué está pasando ahí alante? No me ha dado tiempo a más. Una masa de agua que estaba avanzando hacia mí, ha llegado y me ha hecho tener que poner el parabrisas a máxima velocidad.

Todo ha sido muy rápido, pero he tenido tiempo de ver como el suelo a diez metros mía se iba mojando con los enormes goterones hasta caer de golpe sobre el capó, el techo del coche y el resto de la calle detrás mía.

En la visita a Bilbao, la lluvia se veía, pero estaba allí quieta, bajo la nube, parada. Hoy, por un momento, la he visto avanzar hacia mí, sin remedio, y eso ha hecho más presente su magnitud.

Uno podía mirar atrás y ver como la gente que iba andando no iba a tener tiempo de abrir sus paraguas, se iban a mojar. Delante mía llovía y en el retrovisor todo estaba seco.

Cualquiera diría que se estaba haciendo la limpieza para el año nuevo.

Saludos a todos y mis mejores deseos para el año 2010.